El naturalismo en literatura resulta un producto muy poco natural. Si en la avalancha de los movimientos filos ficos surge como una respuesta contra el idealismo, cubriendo un espectro que va del materialismo al positivismo -pasando por el singular pante smo de Spinoza-, en las letras aparece (principalmente en Francia) como una reacci n frente a los rom nticos.
La fuerza del naturalismo -y lo que lo hace vigente en nuestro fin de siglo- no la encontraremos en su aspecto m s evidente, lo que las enciclopedias llaman la "representaci n de la naturaleza", sino en su m todo experimental y, principalmente, en su descripci n de los hechos sin idealizaciones, sin ning n prejuicio moral o est tico.
En Tartar n de Tarasc n, Daudet nos ofrece una visi n humor stica de las fantas as aventureras de un buen burgu s de provincias del siglo XIX. Tartar n es un personaje en el que conviven los esp ritus de Don Quijote y Sancho Panza: la sed de aventura alimentada por la literatura frente a la contundencia de una realidad que parece prescindir de toda l gica novelesca.