Vengo de todas partes y de ninguna.
As arranca Vivencias M as Paso del Mango, la memoria de un hombre hecho de sangres que no encajan -guaran , wayuu, polaca, espa ola, afroantillana- y de una sola pregunta que no lo suelta: de d nde soy?
Carlos J. Torres recorre sus primeros veinticinco a os en una Colombia convulsa. De la infancia entre Paraguay y Santa Marta a una adolescencia donde regalan motos y sacan pistolas en la misma fiesta. Del servicio militar a amores que ense an a golpes. De una finca en la Sierra Nevada -su primer lugar en el mundo- a una c rcel donde, por fin, entiende a qu quiere pertenecer.
El territorio no es tel n de fondo: muerde. Una cicatriz que un mamo lee, a os despu s, como pagamento de sangre al monte. Un pueblo que desaparece del mapa cuando llegan los paramilitares. Una ciudad donde el silencio es una costumbre, una piel.
Y los personajes no se olvidan: el abuelo Julio Pi, profesor de matem ticas infinito y sin repetici n, que solo se soltaba con la cerveza y Radio Habana Cuba. La Ni a Eme, que le hablaba al jeep como a un hijo. La Mona, la que mov a las nubes cuando se re a. Milena, que muri en una avioneta un mes despu s de despedirse.
Prosa directa, sensorial, sin una palabra de m s. Frases cortas. Im genes que se quedan. Una voz que contiene m s de lo que dice -y ah est su fuerza.
Vivencias M as no es una historia de superaci n ni un testimonio de violencia. Es el relato de alguien que pasa veinticinco a os buscando un lugar donde la pertenencia no sea prestada, en un pa s donde los lugares desaparecen, la gente se esfuma y el silencio es la primera lengua que se aprende. Al final, comprende que su verdadera patria est en la memoria -y en la posibilidad de que las cosas puedan ser mejores.
M s que una autobiograf a, este libro es una invitaci n a recordar nuestros propios lugares, nuestras p rdidas y las personas que nos formaron. Para quienes alguna vez se han sentido entre mundos, lejos de casa o en busca de pertenencia, esta historia demuestra que, a veces, la verdadera patria no es un territorio, sino la memoria de quienes hemos sido y la esperanza de quienes todav a podemos llegar a ser.