Sinopsis:
La sociedad parec a haber olvidado su prop sito. Si no serv a al ser humano, entonces se hab a desviado hacia algo m s oscuro, m s ajeno. Las vidas pasaban como sombras: los que estuvieron se fueron, los que est n se ir n, y los que vendr n tambi n marchar n. Todo era transitorio, excepto la estructura, que se perpetuaba sin alma. En medio de esa fugacidad, la tecnolog a crec a como un dios indiferente. No estaba al servicio de todos los seres humanos ni de todos los seres vivos. Se alzaba como un privilegio reservado, como una herramienta que obedec a a intereses selectos. No hab a l gica en su exclusi n. No hab a justicia en su dise o.
La sociedad se sosten a sobre una contradicci n: proclamaba progreso, pero negaba acceso; promet a bienestar, pero lo dosificaba. La dignidad se volv a un lujo, y la vida, una carrera contra el olvido. Todo lo que deber a haber sido com n se volv a propiedad. Todo lo que deber a haber sido cuidado se convert a en mercanc a. En ese mundo que avanzaba sin mirar atr s, la humanidad se desdibujaba. No por falta de recursos, sino por falta de prop sito. Porque cuando la sociedad deja de servir a la vida, lo que queda es una maquinaria sin rostro, sin alma, sin destino.
En un mundo paralelo, lleno de criaturas que sienten, reaccionan y aprenden, los seres humanos no estaban tan lejos del resto de los animales, como a veces cre an. Sin embargo, hab a algo que los distingue con una cierta claridad: la capacidad de revisar sus creencias con l gica y reflexi n.
No se limitaban a aceptar lo que les ense aron o lo que le dictaban las costumbres; eran capaces de observar, cuestionar y si las pruebas lo merec an, cambiar de opini n. Era como cuando, en el pueblo, tras a os de pensar que la luna influ a en el crecimiento de las plantas, alguien lleg con un libro, una experiencia, una evidencia que contradijo lo sabido. Se recuperaba lo aprendido, se evaluaba lo nuevo y si hacia falta, se rectificaba. Porque as ramos: razon bamos, record bamos, compar bamos y correg amos.
En definitiva, el ser humano pose a la capacidad de ejercer el pensamiento cr tico. No se trataba solo de una habilidad intelectual, sino de una actitud ante la vida. Es mirar el mundo con ojos despiertos, con la humildad de reconocer que podemos estar equivocados y con el coraje de cambiar cuando la verdad llama a la puerta.