Adriana ten a cuarenta y nueve a os y veintid s de matrimonio cuando el matrimonio se acab . Todos le dijeron lo mismo: ahora s te vas a divertir. Baj las apps, desliz el pulgar, acept la copa. Y volvi a casa de su segunda primera vez con una sola palabra para describirla: eficiente.
Esa noche, en mi cocina, invent por despecho una regla que parec a una locura: noventa d as de pura seducci n antes de cualquier cama. No por pudor. Por estrategia.
Este libro no se trata de no hacer. Se trata de no correr.
En una poca en que todo se volvi instant neo -el match instant neo, la cama instant nea, la decepci n instant nea que llega enseguida-, la Regla de los Noventa D as defiende lo m s pasado de moda que existe: el intervalo entre querer y tener, que era exactamente donde viv a el deseo, y que la prisa del siglo demoli sin pedir permiso.
Lo que vas a encontrarLa historia completa de los noventa d as de Adriana: las tentaciones, la mitad insoportable, las casi rupturas y el d a noventa que no fue un cl max -y por eso fue perfecto.51 Reglas, una al cierre de cada cap tulo, que al final se re nen y forman la Regla que anuncia la portada.Por qu el hombre que aguanta la espera es casi siempre el que vale la pena despu s de ella.C mo distinguir la certeza que sostiene un amor de la que lo mata en silencio.Y un giro, all por el finalLos noventa d as no son solo para quien est soltera y recomienza. Le sirven tambi n -quiz sobre todo- a quien lleva veinte a os casada y vio apagarse el deseo no por la distancia, sino por la prisa y por la certeza. El matrimonio tambi n puede correr sus noventa d as. Y es ah , dentro de casa, donde la Regla hace su trabajo m s hermoso.
Chimenea, no incendio, como siempre. Este libro entero es sobre la brasa -sobre mantenerla, soplarla, esperarla- y contra el incendio, que ilumina r pido y se apaga m s r pido todav a.
Yo enciendo. El resto lo hace el tiempo por ti, si tienes el valor raro de darle tiempo.
Sophia
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