Marina Lozano tiene veintitr s a os, una carrera prometedora como modelo publicitaria y una vida aparentemente envidiable. Sin embargo, huye, de un mundo superficial que la asfixia. Cuando descubre un discreto anuncio buscando institutriz para una ni a en una mansi n a las afueras de Salamanca, Marina sabe que ese lugar es su nica oportunidad.
Gracias a la recomendaci n de Beatriz Mach n, Marina logra entrar en la vida de los Robinson: George, un poderoso empresario; Mimsy Berger, su esposa, elegante y serena; y Janet, una ni a inteligente y caprichosa que pronto se siente fascinada por su nueva institutriz. Todo parece tranquilo, casi perfecto. Si no fuese porque Mimsy no es solo la due a de la casa: es la hermana de Lex Berger, el hombre que marc a Marina a os atr s y cuya sombra sigue presente en cada rinc n. Ella ha venido con un plan, con un objetivo claro, y no piensa marcharse... aunque eso signifique enfrentarse a sentimientos enterrados, secretos nunca confesados y a un amor que nunca termin de morir.
Entre silencios, miradas cargadas de historia y una atracci n imposible de negar, Marina deber decidir si esta huida es tambi n una oportunidad para empezar de nuevo... o el principio de una herida a n m s profunda.
-Vamos despacio, Marina -dijo Beatriz Mach n, cruzando las piernas con elegancia-. Necesito entender exactamente qu es lo que quieres de m .
Marina Lozano apret los labios. Sosten a un peri dico doblado de tal forma que el anuncio quedaba bien visible, como si necesitara recordarle una vez m s a Beatriz el motivo de su visita.
- Quieres que te lo lea otra vez, Bea?
-No es eso -respondi ella con paciencia forzada-. Lo que no comprendo es por qu t , viviendo en Madrid, trabajando como modelo publicitaria, ganando m s que bien, quieres irte a un pueblo perdido de Salamanca para trabajar de institutriz en casa de los Robinson.
Marina resopl , visiblemente molesta.
Despleg el peri dico, volvi a doblarlo, lo estruj entre los dedos y, al final, habl
-Porque hay cosas que no te he contado.
Beatriz Mach n, una mujer de poco m s de cuarenta a os, impecable, sofisticada, y con ese aplomo que dan los a os bien vividos, gracias a Guillermo Lozano, el padre de la joven que ten a delante abri la boca para decir algo... y se contuvo.
Marina aprovech el silencio para acercarle el peri dico.
-Mira -insisti -. Aqu lo pone bien claro: "Se busca mujer joven, culta y de buena presencia para el cuidado y educaci n de una ni a de siete a os. Imprescindibles referencias. Residencia familiar en Salamanca." Lo ves ahora?
-Eso lo entend desde el principio -replic Bea-. Lo que no entiendo eres t . No estabas trabajando? -se detuvo un instante y frunci el ce o-. A ver, Marina... d nde has estado todo este tiempo? Te he buscado. Muchas veces. No me mires as , sabes perfectamente que fui amiga de tu madre. Y sabes que siempre estar en deuda con ella. Pero desde que muri , desapareciste. Y ahora apareces aqu , de repente, pidi ndome una recomendaci n y un certificado laboral. Qu se supone que debo pensar?
Marina se levant de golpe.
Alta, delgada, con ese aire de seguridad que hac a que la gente la mirara dos veces. El cabello rojo ca a suelto sobre los hombros, los ojos color miel brillaban con una mezcla de desaf o y cansancio. Vest a con un estilo impecable, moderno y urbano.
-Si no quieres ayudarme...