Existen cunas doradas que parecen fortalezas inexpugnables, dise adas para aislar del dolor del mundo y perpetuar el orden de los amos. En esos salones donde el tiempo se mide por el comp s de las normas y el peso de los apellidos, la obediencia es una ley sagrada y la palabra empe ada constituye la nica moneda de valor. Sin embargo, hay almas que nacen con el destino ineludible de romper el molde.B rbara pertenece a esa aristocracia de privilegios y silencios, de familias r gidas que defienden el statu quo con la misma firmeza con que protegen sus haciendas. Pero bajo los encajes de su alcurnia y las expectativas de su estirpe late un fuego incontenible: la convicci n profunda de que la libertad de Cuba y la abolici n de la esclavitud no son caprichos de la juventud, sino una urgencia moral que no admite demoras.