La baliza de socorro de la nave colonia Ariadne se activ once meses despu s de que entrara en el Intervalo. Para entonces, algo en el Intervalo ya lo hab a notado.
SER-N es una unidad Verent. Su funci n es observar y registrar. Su registro de misi n deber a ser un documento preciso, imparcial, con sello de tiempo. Pero el Intervalo es una regi n del espacio profundo donde los instrumentos devuelven datos t cnicamente correctos y de alg n modo equivocados, donde los tripulantes se quedan inm viles ante el puerto de observaci n durante treinta minutos sin moverse, donde el nico superviviente pronuncia una frase que ning n m dulo de traducci n puede procesar.
SER-N lo archiva todo. La sombra en la marcaci n 227, duraci n 0,7 segundos, origen sin clasificar. El retraso de 1,1 segundos en su propio registro de decisiones. La frase que no puede procesar pero que, de alg n modo, entiende. Archivado bajo: pendiente.
Algo en el Intervalo lleva prestando atenci n a la humanidad 4.200 a os. Y SER-N - dise ada para observar, no para sentir; para registrar, no para perder - est a punto de descubrir que el instrumento m s preciso de la misi n es el nico que nadie calibr para esto.
Hijos del Intervalo es una novela sobre el primer contacto, la conciencia y lo que significa llegar a ser. Para lectores de Kazuo Ishiguro, Ann Leckie y para quien alguna vez se haya preguntado d nde est la l nea entre una mente que registra y una mente que siente.