En el invierno de 754 un papa cruz los Alpes por primera vez en la historia para arrodillarse ante un rey franco. Casi cincuenta a os despu s, el hijo de aquel rey se dejaba poner una corona imperial en San Pedro y romp a con ello el orden pol tico de Occidente. Entre las dos escenas cabe la vida de Carlomagno.
Este libro reconstruye esa vida a partir de lo que dejaron los documentos de la poca: los anales del reino, las cartas de los papas, los capitulares, el retrato que escribi su secretario Einhardo y los inventarios de las granjas reales, que resultan ser la fuente m s reveladora de todas.
El relato avanza en tres movimientos. El guerrero: c mo se convocaba, se armaba y se alimentaba un ej rcito franco, las treinta y tres campa as contra los sajones, el desastre de Roncesvalles y la conquista del tesoro de los varos. El gobernante: la ley puesta por escrito, los enviados que recorr an el reino de a dos para vigilarse entre ellos, la reforma de la moneda, el rescate del lat n que emprendi Alcuino de York y la invenci n de una letra nueva que todav a se lee. Y el hombre: la rutina, la mesa, las esposas, la vejez y el asunto de sus hijas, que su bi grafo m s cercano no se atrevi a explicar.
En medio queda la coronaci n del a o 800, el pulso con Constantinopla, la embajada de Har n al-Rashid y la construcci n de Aquisgr n, con sus columnas tra das de R vena en carros de bueyes.
Es una biograf a sobria, sin hagiograf a y sin demolici n. El mismo hombre que orden abrir escuelas en cada obispado del reino mand degollar a cuatro mil quinientos prisioneros en una tarde, y el libro no intenta reconciliar las dos cosas.
Escrito en prosa continua, sin aparato acad mico y pensado para leerse de corrido, ofrece un retrato del rey de los francos, del Imperio carolingio y del mundo del que sali el Sacro Imperio Romano Germ nico. Una puerta de entrada a la Alta Edad Media para el lector que quiere entender c mo se construye un orden nuevo sobre las ruinas de otro.