Una novela de Vassily Rostov
En Cursov, el tiempo no se mide por el sol: se mide por el desgaste del cuerpo.
En un planeta colonia devastado y administrado por la fr a maquinaria burocr tica de cinco imperios en constante guerra, un d a oficial dura solo diecis is horas. Para la administraci n imperial, parece un milagro de contabilidad: al convertir las condenas a la escala del nuevo calendario de d as cortos, los carteles anuncian que los reclusos cumplir n su pena y saldr n en muchos menos a os.
Pero el papeleo oculta una ecuaci n cruel. El cuerpo humano no sabe leer tablas de conversi n. No hay descuento para el cansancio, el hambre o el fr o. Con turnos comprimidos y sin tiempo suficiente entre ellos para que el organismo se recupere, seis a os en Cursov envejecen a un ser humano quince. Quienes logran sobrevivir y regresar a casa descubren que sus familias envejecieron al ritmo lento del universo, mientras ellos cargan con el desgaste brutal de una vida entera exprimida en un pu ado de a os.
El tiempo aqu corre m s r pido, en realidad es una historia absorbente sobre la resiliencia, la contabilidad humana, la frialdad de los sistemas burocr ticos y la dignidad de quienes intentan sobrevivir dentro de ellos.
Hay una frase pintada a mano en un muro del municipio de Dorna, en la blast de Kholna, en Vetrenia -un nombre que, antes de que llegaran los cinco imperios, pertenec a a un pa s entero, con su propia bandera y un himno que a n hoy, seg n dicen, algunos viejos tararean en voz baja cuando creen que nadie los escucha-. La frase dice: El tiempo aqu corre m s r pido, en realidad.
Quiero que pienses en esto conmigo durante un segundo, porque vamos a pasar las pr ximas cuatrocientas p ginas volviendo a esta frase, y prefiero que la odies desde el principio por las razones correctas.
Un d a en Cursov dura diecis is horas. No es la rbita del planeta: es una l nea en un reglamento administrativo, firmada por un hombre que probablemente vest a un buen traje, ten a buena caligraf a y no ten a idea -o, peor a n, ten a la idea perfecta- de lo que estaba firmando. Y aqu es donde la cosa se pone interesante, porque t , tal vez, est s pensando: d as m s cortos, de acuerdo, m s d as por a o, y qu ? D jame sacar las cuentas contigo, despacio, porque la administraci n imperial contaba con que nadie las sacara.
Un a o est ndar imperial tiene ocho mil setecientas sesenta horas. Con d as de veinticuatro horas, eso suma trescientos sesenta y cinco d as. Con d as de diecis is horas -las cuentas de Cursov-, ese mismo a o, con el mismo sol naciendo y poni ndose la misma cantidad de veces, contiene quinientos cuarenta y siete d as. No m s horas. No m s sol. Solo m s d as, en el papel.
Y las condenas en Cursov no se cuentan en a os. Se cuentan en d as cumplidos. Crees que esto es una coincidencia burocr tica? Yo tambi n lo cre a la primera vez que le los archivos. No lo es.