Desde que tenemos memoria, hemos cre do en la ilusi n de una nica realidad. Un solo mundo, un solo tiempo, una sola vida que transcurre en l nea recta, sin desv os ni caminos alternativos. Pero la verdad es otra. Es m s vasta, m s inquietante. Porque la realidad no es un bloque s lido, sino un oc ano infinito de posibilidades, un entramado de caminos que se cruzan, divergen y se replican hasta el infinito. Algunos los llaman universos paralelos. Otros, dimensiones alternativas. En realidad, son ambos y ninguno al mismo tiempo. No son espejismos ni productos de la imaginaci n: son tan reales como el mundo en el que crees vivir ahora mismo. Y si has aprendido a ver las grietas en el tejido de lo conocido, si alguna vez has sentido que algo no encaja del todo, entonces ya has dado el primer paso. Yo fui como t alguna vez. Cre en un solo mundo, en un solo destino. Cre que la vida se reg a por reglas inquebrantables: la gravedad, el tiempo, la causalidad. Cre en el pasado y en el futuro, en los recuerdos y en las certezas. Hasta que vi la primera grieta. No fue un evento apote sico ni una revelaci n inmediata. Fue un detalle min sculo, insignificante para cualquiera que no estuviera prestando atenci n. Un reflejo que tard demasiado en imitar mi movimiento. Un rostro en una multitud que jurar a haber visto en otro lugar, en otro tiempo. Una canci n sonando en la radio con una letra diferente a la que recordaba. Pens que era un error de mi memoria, una jugarreta de la mente. Pero cuanto m s lo ignoraba, m s frecuente se volv a. Los rostros cambiaban sutilmente. Los objetos se desplazaban de lugar sin que nadie los tocara. Frases que no hab a dicho sal an de mi boca como si alguien m s estuviera susurr ndolas en mi mente. Y entonces, una noche, sucedi lo inevitable. Caminaba por una calle que hab a recorrido mil veces. La misma tienda en la esquina, el mismo farol parpadeante. Pero al cruzar una puerta-una puerta cualquiera-me encontr en un lugar que no reconoc a. Todo estaba en su sitio, pero diferente. Las luces ten an otro matiz, las voces en la distancia hablaban en un idioma que no deber a existir en mi ciudad. Y lo peor: las estrellas sobre m no eran las mismas. No fue un sue o ni una alucinaci n. Era real. Hab a cruzado sin darme cuenta, sin quererlo. Me hab a convertido en un viajero entre mundos. Al principio, intent volver. Busqu la misma puerta, los mismos pasos, pero nada funcion . El universo no me devolv a a mi hogar porque mi hogar ya no exist a en un solo lugar. Y as empez mi viaje. Descubr otros viajeros. Algunos llevaban siglos explorando los caminos entre mundos, recopilando historias, mapas y advertencias. Otros hab an quedado atrapados, incapaces de encontrar el camino de regreso. Algunos hab an cambiado tanto que ya no recordaban de d nde ven an. Aprend que cada universo tiene sus propias reglas. Algunos son casi id nticos al nuestro, con peque as diferencias: un color distinto en el cielo, un evento hist rico que nunca ocurri , una ciudad que no deber a estar donde est . Otros son ca ticos, fragmentados, con leyes de la f sica que desaf an toda l gica. Hay mundos de sombras y reflejos, donde el tiempo avanza y retrocede sin control. Lugares donde el concepto de individualidad no existe, donde cada ser es parte de una sola conciencia. Universos donde la humanidad nunca evolucion , donde la vida tom formas que desaf an la imaginaci n. Pero no todos los mundos son acogedores. Hay lugares de los que nadie regresa. Ecos de universos colapsados, donde el tiempo se desmorona y la materia se deshace. Lugares que existen fuera de cualquier l nea temporal, donde un minuto puede ser una eternidad o desaparecer en un instante.
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