Con la excusa literaria de dialogar con los cuentos de Perrault, Ra l Campos ha creado un texto inclasificable y decididamente irreverente. Personajes ajenos y personas que existen o existieron se comportan como les viene en gana, atravesando la materia m tica y el tiempo del relato seg n las leyes de su propia realidad cu ntica. El lector se ver obligado a terminar la obra ejercitando la imaginaci n y, ante todo, la insolencia.