La Ley de Dios, err neamente llamada "ley de Mois s", se ha convertido a lo largo del tiempo en un verdadero punto de tropiezo para muchos, en un despertar para otros y, al mismo tiempo, en un enorme dolor de cabeza para quienes, sin formaci n teol gica, pretenden hacer teolog a. Esta situaci n se repite constantemente: personas sin preparaci n formal consideran l gico y suficiente aventurarse a interpretar la Escritura apelando nicamente al "Esp ritu", argumentando que lo poseen de la misma manera que los ap stoles, y justificando su falta de estudio con la afirmaci n de que los ap stoles eran analfabetos. "As como no todos los profetas eran analfabetos, tampoco todos los ap stoles lo eran." Sin embargo, lo nico cierto y absolutamente indiscutible es que tanto los ap stoles como los profetas fueron guiados genuina y plenamente por el Esp ritu Santo en su misi n y en su ense anza. Esa certeza, no obstante, no puede ni debe extenderse indiscriminadamente a cualquiera que hoy afirme tener la misma direcci n espiritual. La autoridad espiritual de los ap stoles y profetas fue nica, irrepetible y confirmada por Dios mismo mediante se ales, fidelidad doctrinal y testimonio divino. Hoy en d a sucede algo muy distinto: un pastor puede quedarse sin empleo, atravesar una crisis personal o simplemente desear un nuevo rumbo en su vida, y a partir de eso concluir que "ese es el llamado de Dios". Se confunde una circunstancia humana con una vocaci n divina, y se pretende equiparar experiencias subjetivas con la gu a infalible que los ap stoles realmente recibieron. Esto ha generado que muchos, sin preparaci n y sin fundamento b blico s lido, asuman una autoridad para la cual no han sido formados ni enviados, trastornando la comprensi n de la Ley, de los mandamientos y del prop sito de Dios. En consecuencia, la Ley de Dios -que deber a ser entendida con respeto, estudio profundo y discernimiento- ha sido distorsionada por quienes la abordan desde la improvisaci n espiritual y no desde la obediencia, la preparaci n y la responsabilidad que demanda la Palabra. En otras palabras, el "esp ritu" que muchos aseguran tener no es m s que un sesgo de confirmaci n. Es decir, un pastor desempleado, convencido de que tiene derecho a recibir diezmos y de que su opini n personal es una revelaci n divina, termina creyendo exactamente lo que ya pensaba de antemano: que la Ley est abolida, que las fiestas de Dios son simplemente ceremoniales sin relevancia actual, que el Yom Shabbat es obsoleto porque "Jes s es nuestro reposo", o la t pica evasi n de decir: "No guardo el Shabbat porque no soy jud o". El problema de fondo es que estas personas ni siquiera saben qu es realmente la Ley de Dios. La confunden con el pacto mismo, o con la sangre del pacto, o con cualquier categor a teol gica que no distinguen con claridad. Como mencion , son analfabetos teol gicos que creen que el esp ritu de enga o que los mueve es suficiente para comprender la Tanaj o el Berit Hadasha. Si verdaderamente poseyeran el Esp ritu de Dios -el mismo que guiaba a los profetas, el mismo que inspir a los ap stoles- llegar an sin duda a la misma conclusi n b sica y evidente: que la Tor sigue vigente en el marco de la gracia y que el Mes as jam s aboli lo que el Padre estableci como eterno. Pero al no tener ese Esp ritu, su nico gu a es el error, y su "revelaci n" no proviene de lo alto, sino de su propia confusi n. Y as , desde ese falso fundamento espiritual, repiten doctrinas heredadas, niegan mandamientos que nunca estudiaron y rechazan verdades que jam s comprendieron. En consecuencia, lo que llaman "direcci n del Esp ritu" no es m s que la confirmaci n de sus propios prejuicios, de su ignorancia y de su resistencia a someterse a la Palabra.
ThriftBooks sells millions of used books at the lowest everyday prices. We personally assess every book's quality and offer rare, out-of-print treasures. We deliver the joy of reading in recyclable packaging with free standard shipping on US orders over $20. ThriftBooks.com. Read more. Spend less.