Estos dos aspectos (intelecto y emoci?n), hacen m?s que justificable el estudio del movimiento humano. En ese sentido, la aplicaci?n potencial, como lo explican Schmidt y Lee (1999), de dicho estudio se extiende a ?reas como el deporte, la terapia f?sica, la industria, el arte y aun el mismo lenguaje.
El hecho de desempe?ar distintas tareas en las mencionadas ?reas, implica un reto complejo para el cuerpo humano. Sin embargo, el ser humano es capaz de controlar y aprender una amplia gama, en volumen y complejidad, de movimientos. Todo ello a pesar de las caracter?sticas particulares del sistema neuromuscular, como son: la redundancia de las activaciones musculares, la no linealidad de la generaci?n de fuerzas, y la muy escasa reproductibilidad de las acciones. Estas caracter?sticas, en principio limitantes, son en realidad salidas ingeniosas del sistema neuromuscular para la soluci?n de situaciones complejas.
Desde inicios del siglo XIX, el estudio de la conducta motriz ha sido objeto del campo de lo que hoy se conoce como control motor; que b?sicamente, pondera dos objetivos:
1. Control motor: busca comprender los procesos fisiol?gicos que desencadenan las distintas interacciones entre los tres niveles (m?dula espinal, tronco encef?lico, corteza) del Sistema Nervioso Central (SNC), responsables de la conducta motriz, y su conexi?n con las caracter?sticas mec?nicas del aparato osteomuscular.
2. Aprendizaje motor: persigue la comprensi?n respecto a la adquisici?n de los movimientos a trav?s de la pr?ctica; y c?mo los elementos gen?ticos, ambientales y psicol?gicos condicionan el aprendizaje de las habilidades requeridas en el ?ptimo desempe?o de las diversas actividades del ser humano.