Entrar en la poes a de Alfredo Trejos es estar en un film noir donde el poeta se desnuda a s mismo para luego desnudar al mundo. Esto lo ha demostrado libro a libro y Taz n de polvo no es la excepci n. Trejos utiliza una voz ambigua deliberadamente que va mutando a lo largo del libro. Esa voz puede estar en m ltiples escenarios: nos permite pasar de un autob s rumbo a Barrio Otoya a estar acompa ando a Lew Welch en Sierra Nevada, California, todo de una forma coherente y sin dinamitar la unidad del libro.
En cada poema las cosas cotidianas como ir por una cerveza al refrigerador, lavar los platos o una noticia sobre el manejo de datos personales -por parte del gobierno de turno- se transforman en un debate filos fico donde el poeta y su nostalgia se sienten atrapados. La soledad del poeta se difumina con lo vac o del mundo que lo rodea, como si estuviera en una prisi n, como dec a Borges " lo m s terrible de una c rcel es que quienes entraron en ella no pueden salir nunca. De ste o del otro lado de los barrotes siguen estando presos" las met foras se convierten en una estilizaci n visual que nos sirve de tel n para entrar a una poes a que pareciera pertenecer a un cameo de John Huston.
Y a los lectores solo nos queda atravesar, junto al yo po tico, este dolor que nos dice: Un hombre sabe de pronto / que su tiempo ya pas ... sin embargo me atrever a a decir que al leer Taz n de polvo, nos adentramos tambi n en ese Viejo Oeste, duro y salvaje, que todos llevamos dentro.
Dallas, Texas, 30 de diciembre de 2022
DAVID CRUZ
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