Her doto de Halicarnaso escribe en Turios, al final de su vida, el manuscrito que nunca incluy en sus Historias: la historia secreta de Tarteso, el reino de plata del extremo occidental del mundo que Atenas no quiso que se recordara. La prueba de que esa historia existi es un siklo de piedra blanca de nueve coma cinco gramos que lleva en el bolsillo desde que una mujer se lo puso en la mano en Samos y le dijo: escribe. En el a o 631 a.C., Coleo de Samos cruza el Estrecho de las Columnas con un barco mercante y llega a Tarteso, el emporio del r o rojo. En la bodega viaja su hija Helena, de diez a os. Coleo ha planificado el viaje que todo el mundo cree accidental: un comerciante retirado le dio la ruta, y la ruta ven a de m s lejos de lo que Coleo sab a. En Tarteso, Helena conoce a Hesperia, nieta del rey Argantonio, un hombre de m s de cien a os que ha calculado un plan que nadie ve: sabe que Tarteso va a desaparecer, que Cartago va a cerrar el Estrecho. Necesita que alguien lleve la memoria fuera antes de que sea tarde. Helena es ese alguien. Helena pasa siete a os en el palacio del Tartis. Aprende a pesar la plata con el siklo fenicio, a leer la veta de mineral, a hablar tartesio y fenicio. Entre ella y Hesperia, sin propon rselo, construyen un idioma privado - mezcla de j nico y tartesio - que solo funciona cuando est n juntas. Lo que ese idioma es en realidad, ninguna de las dos lo sabe todav a. Cartago se mueve. Argantonio env a a Hesperia y Helena a Gadir, donde descubren que un inspector cartagin s cuenta barcos y pregunta por la salud del rey. En las minas de Urium, una galer a se derrumba. Hesperia baja con diecis is a os a sacar heridos. Cuando vuelve al palacio, Argantonio le entrega el sello del reino y le dice: Oro tenemos mucho. Tiempo, ninguno. Argantonio env a a las dos a Focea, la ciudad griega que est a punto de caer ante Persia. Hacen escala en Atenas, donde Hesperia descubre una balanza descalibrada en el gora y le dice al vendedor que en su ciudad las balanzas que no pesan bien se rompen. Un fenicio las reconoce y las avisa: Gadir sabe que han salido. Presentan su oferta ante Anaximandro, Hecateo, Bias de Priene y Jen fanes: plata para la muralla, tierras en Tarteso para los foceos que emigren, y algo que solo entienden los que escriben - la oportunidad de que el nombre de Tarteso quede en los mapas y en los libros griegos. La noche despu s de la cumbre, Helena y Hesperia se despiden. Hesperia intenta darle su pez de mbar para que la historia est completa en Grecia. Helena se niega. Forcejean. Lo que disputan no es el mbar sino algo que acaban de descubrir que existe y que no tiene nombre en ninguna de las tres lenguas que hablan. Hesperia dice: No lloro porque te vayas. Lloro porque a partir de ma ana, cuando me pase algo hermoso, tendr que explic rselo al mar. Y el mar no sabe hablar como nosotras. Se sientan en el suelo. No se sueltan las manos. Amanece. Persia llega a Focea. La muralla cae. Helena vuelve a Samos. Hesperia vuelve a Tarteso. D cadas despu s, la nieta de Helena entrega a Her doto un siklo de piedra y le dice que escriba. Her doto escribe las Historias que todos conocen. Y esconde este manuscrito debajo de la cama en Turios, porque hay historias que pesan demasiado para el libro que Atenas necesita y demasiado poco para desaparecer del todo.
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