Nos miramos un rato, como midiendo las consecuencias de lo que estaba por suceder, ten amos los labios rojos, hinchados, a n mojados de saliva, las mejillas encendidas, nuestro pecho se mov a por la respiraci n, como cuando termin bamos de correr un sprint, esa respiraci n que hace que te marees pero que se siente rico en el cuerpo, sabiendo que si continu bamos, no ser a solo una cogida y que si llegaba a serlo ten amos la certeza que de esta no volver amos igual ninguno de los dos.