Entre cuentos y poemas, se desvelan la urgencia permanente de recordar, al igual que, la necesidad de sentirnos los unos a los otros, como esas ra?ces de secoya que se hacen fuertes al unirse cuando se incendian, y que a pesar de ser ?nicas individualmente, entrelazadas, pretenden alcanzar el sol juntas como si hubiesen nacido para hacerlo, como si los sue?os por imposibles que parecieran, pudieran acercarse a nosotros al volvernos un andamiaje de las m?s bellas serendipias universales.
Sobre la conciencia, la empat?a y el necesario derecho a so?ar, presenta distintas tonalidades de eso tan digno de apreciar que es la experiencia humana, rescatando la apreciaci?n como la sustancia que nos permite considerar la maestr?a del entorno, lo vivido, lo que se puede construir y eso tan valioso que es el otro.