La concomitancia de sociopat a y agorafobia ilustra el **colapso de un yo construido sobre la negaci n del miedo**. La sociopat a hab a sido la coraza, la agorafobia es la rajadura. En ella se evidencia que incluso la indiferencia m s fr a necesita del otro para sostenerse; cuando el otro desaparece o se vuelve intolerable, el miedo se dirige hacia el espacio mismo, hacia el aire, hacia la vida.
Ninguna descripci n puede ser completa sin reconocer la tragedia moral impl cita: el individuo que durante toda su historia rechaz la vulnerabilidad termina prisionero de ella. Su claustro no es castigo externo, sino consecuencia ntima de una defensa que se volvi su verdugo.
Y, aun as , dentro de esa prisi n ps quica, la posibilidad de cura existe: no como eliminaci n del miedo, sino como reconocimiento de l, como acto l cido y, tal vez por fin, humano.