Sevilla. Madrugada del uno de enero de mil novecientos setenta y seis. Pepe Luis ?lvarez, un vecino del barrio sevillano de Torreblanca, viudo, con una leve cojera y cincuenta y tantos a?os a sus espaldas, despu?s de terminar la faena sirviendo en un cotill?n de fin de a?o, regresa transitando por las calles vac?as en su humilde "Vespino" con el jornal ganado que, en vez de servir para su sostenimiento y el de su precaria vivienda del arrabal, lo lleva como oro en pa?o para un fin que cada d?a le hiela el coraz?n pero que se sobrepone sacando fuerzas de flaqueza, anteponiendo el bienestar de su ?nico hijo veintea?ero por encima del suyo propio. No muy lejos de donde se encuentra ?l, Eduardo Barr?n, un distinguido arist?crata y empresario sevillano de edad casi pareja, hace de anfitri?n en su enorme piso del barrio de Los Remedios cuando quienes le han acompa?ado toda la noche de fiesta deciden terminarla libando los exquisitos espirituosos que ?ste dispone en su bodega. En el transcurso de las horas siguientes, tanto uno como otro tendr?n que enfrentarse al capricho de sus respectivos destinos que, antes de la amanecida, les someter?n a un en?rgico vaiv?n con resultado id?ntico y donde la posici?n social quedar? diluida.
Despu?s de "Muerte en Tentud?a" y "Sevilla, una oraci?n", llega la tercera entrega de ese t?ndem formado por Paco Prendes y Manolo Gabardino, inspectores ambos de la Brigada Criminal sevillana que, junto a su orondo comisario, Antonio Cubillana, aparte de recorrer los m?s celebrados bares y tascas de la capital hispalense donde encuentran la inspiraci?n para resolver sus casos, van a enfrentarse a un comienzo del a?o mil novecientos setenta y seis con una serie de asesinatos que pondr?n a prueba su olfato para atrapar a facinerosos y criminales, como en cada ocasi?n bien mimetizados entre los dem?s mortales de manos y conciencia limpias.