Miguelito es la voz de ese tambor; la voz de África con todo el clamor de los que fueron traídos a la fuerza, su alegría, el llanto del indio maya, su testarudez por existir más allá de la conquista, la picaresca del español buscavidas, el orgullo del criollo. Sus antepasados más cercanos no vienen directamente de África, como les pasa a tantos otros rumberos, congueros y soneros, y a veces sin querer ha sido subvalorado por la crítica por el color de su piel. El reglano Roberto Faz también fue víctima de opiniones racistas al ser considerado como El mejor sonero blanco, lo cual de alguna manera "limita" al color de su piel su talento como músico, que está más allá de cualquier rasgo físico. En la actualidad, Miguelito Valdés también ha sido víctima de un olvido inmerecido, sobre todo en Cuba. La editorial Ediciones Cubanas publicó, de Roberto Oropesa, La voz del tambor, pero como afirma el musicólogo Díaz Ayala: Como casi toda su carrera profesional se desarrolló fuera de Cuba, en ésta no se le evalúa como merece. Debe haber sido duro en vida de Miguelito, ver que los continuadores de su línea, como Cascarita y Benny, lo habían opacado completamente. Como "performer" como artista en escena, creó una pauta a seguir entre los artistas latinos. Siempre correcto en el vestir, en el decir, en el respeto al público, a sus músicos, a los medios periodísticos. Un señor, en toda la palabra. Buen compañero, ayudó a muchos artistas como Chano Pozo, Lucy Fabery, Olga Guillot y otros, en el lanzamiento de sus carreras. Miguelito Valdés canta en los funerales de su amigo, el rumbero mayor, un guaguancó titulado "Chano Pozo", de la autoría del tumbador y cantante cubano Carlos Vidal Borlado. Con Rumba Rumberos queremos rescatar una época dorada para la música cubana, cuando ritmos como la conga y la rumba señoreaban en el escenario internacional, también queremos insertar la obra de Miguelito dentro de este género y analizar sus aportes. Exponer la "solidaridad" que existió entre esos hombres de procedencia humilde, que nacieron generalmente en solares y en barrios marginales e hicieron del mundo su casa, y cómo esta relación fue clave para la consolidación de la música popular cubana. Resaltar la amistad a toda prueba que existió entre Miguelito Valdés y Chano Pozo, una amistad basada en el respeto mutuo, que se sobrepuso a los estereotipos y al racismo. Pretendemos destacar su quehacer en la música afrocubana y la vinculación que tuvieron ambos con Gilberto Valdés, Obdulio Morales, Ernesto Lecuona, Rita Montaner, la Única, que le "impuso" a Ignacio Villa el sobrenombre racista de Bola de Nieve, quien lo supo llevar con dignidad porque, si de racismo se trata, todos hemos sido víctimas y victimarios. También la labor de los que dedicaron su vida a la investigación de nuestras raíces como Fernando Ortiz, Alejo Carpentier, Argelier León y nuestro poeta nacional Nicolás Guillén, por aquellos Motivos de son. La lista sería infinita. Hacer especial hincapié en la participación de Chano y Miguelito en la música norteamericana y como precursores de jazz latino. En estos tiempos donde la lucha contra la discriminación racial crece, pretendemos ofrecer la vida y obra de estos cubanos que, a puro tambor, defendieron nuestra Isla. Nadie como ellos para ejemplarizar cómo en la música cubana está el verdadero sentir de este pueblo, porque parafraseando a José Martí, una vez más: es más que negra, más que blanca, más que mulata.
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