El relato sinaloense obra con vida en estas p ginas. El arte de narrar con sutileza, de recrear universos personales y personajes universales es un compromiso asumido aqu con gracia por Mar a Guadalupe Rojas: gracia entendida como el don de crear espacios donde las palabras son las partes viva de un castillo de historias y nos subyugan con su donaire.
El cuento no es solo narrar una historia, sino saber esparcir la trama y sembrar la urdimbre donde revolotea la imaginaci n. Es necesario tener un sentido de la composici n para que las historias fluyan con naturalidad, modestia y decoro. Mar a Guadalupe sabe de eso y tambi n, que el mejor narrador es imperceptible, sin dejar de hacernos sentir su voz, su presencia y humana esencia.
Pasemos a esta serie de relatos que, sin tremendismos ni falsas argucias, nos cuentan algo que perturba, inquieta y que no se olvida. Este volumen de Maria Guadalupe Rojas posee la intensidad de una novela y la certidumbre que solo despiertan la poes a. Acerqu monos con cautela y dej monos compartir despu s por el asombro.
Escrito por Juan Jos Rodr guez