Laura era mi rival.
En los debates, en los pasillos, en cada maldito voto.
Lo que empez como una guerra de ideas se convirti en algo m s oscuro, m s intenso... m s inevitable.
Entre discursos, roces furtivos y silencios que dec an demasiado, descubrimos que hay batallas que no se libran con palabras y que el verdadero peligro no es perder, sino no saber a qui n est s ganando.