Son como las visitaciones de una luci rnaga: f lgidas y fugaces. Titileos entre las ramas fr giles del jard n. Poemas con aderezo de sangre barbullando, de carne en carne viva. Cuando menos lo esperas un rel mpago de ternura, y, otro fusilazo de incertidumbre. M s figuraciones que coordenadas. Parecieran err ticos aleteos. Todo entre la intensidad y el delirio. Intensidad de la voz del sujeto po tico; delirio en los objetos po ticos que parecen deslizarse siempre hacia otra dimensi n, donde se es y no se es a un tiempo, donde todo fluye y se empoza a la vez. Un alma dada a husmear en las hendijas del acertijo con respuestas pero sin imponer las que cree encontrar. Todo como la vida: azaroso y sin apelaciones.Hay que haberla hurgado para saber qui n es: flor hibernada en los volcanes de lo inexorable, vuelo que siempre parte pero deja su trazo indeleble. Hecha de pasiones desaforadas y desaforada entrega, Ana Margarita Mireles es una poetisa de caos y armon as. En sus versos parece cantar el desasosiego de la sempiterna b squeda. M s esp ritu que cuerpo se eleva hasta donde, quiz s, le est negada la visi n al humano, pero ella arriesga la piel y la palabras, porque, de alg n modo, sabe que su reino se afinca en esas servent as.Versos de vibraciones y resonancias que de astros le viene la m sica. Rapsodia del universo enroc ndose, sibilinamente, en los tobillos y las neuronas de una maga desbridada que cuando juega sus naipes hace eclosionar la primavera y obliga a un timonazo de estrellas para alcanzar la transparencia. Transparencia que una vez tramontada te deja sin retorno porque: hoy nada puede arder en el pasado.Nunca se sabe si escribe desde la alta tarima de un sue o o trashuma la dicha en un bar de putas sin m s culpas que brindarnos el tierno pez n de una flor que se deshoja en perdones. Anciana transcurrida y ni a intr pida al un sono, se encarama en los latidos del susto sin linderos y se arranca arpegios a s misma. No escribe, combate contra un asedio incoloro, un mundo resbaladizo, una atalaya amorfa. Nunca sabe si triunfa o se desgasta. Va adelante. Prosigue. El otero es m s alto, y a n no sabe si la mirada alcanza. Inocente y sabia se agazapa, espera que surja un h roe quiz s desde el tejado, un tejado que el mundo desconoce y ella se esmera en habitarlo.Ana Margarita Mireles, intensidad y delirioPor Manuel V zquez Portal
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