Hay libros que llegan como una noticia. Y hay libros -raros, necesarios- que llegan como una prueba.
Relatos Suspendidos, de Miguel ngel D az, no viene a imponerte una verdad: viene a dejarla temblando. No te habla desde una tarima, te habla desde la grieta. Desde ese lugar donde lo cotidiano deja de ser inocente y se convierte en evidencia. Donde la risa se parece demasiado al miedo. Donde el absurdo no es invento literario, sino m todo de supervivencia.
Aqu las historias no caen al suelo para terminar. Se quedan colgando. Como una l mpara que parpadea en medio del apag n. Como una voz que insiste detr s de una puerta cerrada. Como una memoria que se niega a obedecer el mandato del olvido.
Este libro es desgarrador y bello. Doloroso, pero luminoso. Sus an cdotas rozan lo inveros mil y, sin embargo, quien conoce Cuba -quien la ha vivido, quien la ha sufrido, quien la ha visto desfigurarse- sabe que lo incre ble no es una exageraci n: es el pan diario de un pa s sometido durante d cadas a una maquinaria de miedo, control y pobreza espiritual. En estas p ginas esa maquinaria toma forma de s mbolo: El Indivino, figura oscura, presencia mal fica, nombre literario para un poder que aprendi a fabricar demonios y a llamar "normal" a lo que nunca lo fue.
Miguel ngel D az narra con oficio de cepa: lenguaje claro, ritmo trepidante, estructura que te atrapa sin necesidad de trucos. Uno entra a un relato "por curiosidad" y termina dentro, respirando ese aire denso donde cada gesto se vigila y cada silencio pesa. Porque Relatos Suspendidos no es una postal, es un espejo con polvo. Uno sopla, mira, y entiende que el reflejo tambi n le pertenece. Que leer, a veces, es aceptar un riesgo: el riesgo de reconocerse, el riesgo de no poder volver al mismo punto despu s de pasar la p gina.
Quien se acerque a este libro se aproxima al p lpito de la vida en una Cuba desguazada por la dictadura m s larga y feroz del Occidente. Y aun as -o precisamente por eso- hay belleza. La belleza spera de lo verdadero. La belleza de la dignidad cuando no se anuncia, cuando solo resiste. La belleza de la palabra que no se arrodilla.
Yo creo en la literatura que no se limita a entretener. Creo en la literatura que deja una marca. Relatos Suspendidos es de esos libros. No para que te consuelen. Sino para que te acompa en. Y, si hace falta, para que te despierten.
Eduardo Ren Casanova Ealo
Editorial Primigenios