El mundo se encontraba sumido en un conflicto ancestral, un enfrentamiento tan antiguo que su origen se hab a perdido en la bruma del tiempo. Nadie sab a con certeza qui nes eran aquellos despiadados guerreros que devastaban tierras y reinos a su paso; solo se les conoc a como los invasores o los salvajes de las monta as. Nadie hab a logrado detenerlos hasta que el rey de Codrene se enfrent a ellos.
Aunque no pudo vencerlos, los oblig a retroceder, pero a un alto precio: la muerte del propio rey y de su hijo, sumiendo al reino en el caos. Recuerdo la noche en que llegaron a mi aldea. Era solo una ni a cuando mi padre me tom en brazos y me llev hasta las afueras. Me inst a caminar hacia el norte, al reino de Codrene, y no detenerme hasta llegar. Camin d as enteros, solo deteni ndome cuando el hambre y el agotamiento me vencieron. Cre que mi destino estaba sellado hasta que un ngel se apiad de m . Un ngel que llegu a amar m s que a nadie en este mundo.
El destino, a veces, parece equivocarse al elegir a aquellos que en apariencia son d biles para cumplir misiones imposibles. Pero en ocasiones, son precisamente esos seres fr giles quienes demuestran una fortaleza inesperada. Quiz , despu s de todo, el destino no estaba equivocado.
Desde la cima de un colosal volc n extinto que hab a gobernado las alturas por milenios, se erig a la pr spera naci n de Anar s. En la planicie, el imponente palacio del soberano Kahum era el centro del reino, gobernado con mano firme por esta. Junto a l, su esposa, la reina Istaria, hab a sido su consorte real por casi dos a os.
Sin embargo, su mayor tesoro era su hija, la princesa Alina, quien estaba por cumplir 19 a os.