La telenovela (hija mayor de la radionovela), aunque no ha sido transmitida por el mosquito, se desplaza con aspectos seriamente contagiosos por el Caribe en sus inicios, y luego, convertida en pandemia, por todo el mundo, a pesar de constituir-seg n dicen algunos-la m s absurda negaci n del sentido com n.
Su f rmula?: captar, a cualquier precio, la atenci n de grandes masas que, sin darse cuenta, la ingieren como delicioso pastelillo, envenenado en ocasiones-seg n algunos repiten-con atractivos embarros de azucaradas mafias, o dulces narcotr ficos. Lo cierto es que actualmente, la tambi n llamada culebr n es habitual (con raras excepciones) en todas partes, y asimilada y consumida hasta por le dos y escribidos que juran ser ajenos a ella. Esto no evita-seg n muchos aseguran-que su contenido llegue al m ximo de la tonter a.
Este libro encierra un argumento que, partiendo de los manoseados Montescos y Capuletos, no va m s all de cualquier telenovela, con un final sorpresivo. Como es tambi n un experimento resumirla a manera de libro, as se expone, esperando que enganchen los ganchos habidos y por haber que posee, y que -como muchos se alan- siempre resultan negativos.
Este libro es el n mero once que publica Severino Puente, un actor, director y guionista, nacido en 1930 en Pinar del R o, que se destac en la radio y televisi n de Cuba por m s de tres d cadas, antes de que se desarrollaran en la isla las cerraduras que, con exquisita paciencia, fueron coloc ndose en cada puerta o ventana radiotelevisiva.