No es un libro para leer, es para practicar, para propiciar y crear condiciones favorables, recordar que Cristo quiere hacerse presente para m? en los dem?s; pero tambi?n quiere que yo sea su presencia para que en m? le vean los otros.
En mis manos pone alegr?as y consuelos, ayudas y esperanzas; all? deposita todo su amor, y quiere que yo lo vaya sembrando a mi paso.
Y lo mismo para m?, con la mayor sencillez me llegar?, en manos hermanas, lo que necesito, lo que desesperadamente busco, o lo que pido suplicante en mi oraci?n.
All? donde las seguridades humanas se desmoronan, es donde las promesas de Cristo pueden hacerse realidad.
Donde intervienen el desinter?s, lo gratuito, Dios est? pasando a nuestro lado disfrazado de pr?jimo, pobre, triste y desamparado. Al lado de una multitud de hombres y mujeres sufrientes y necesitados, vamos nosotros, cada uno, acaso m?s pobres y necesitados todav?a, pero con las manos y el coraz?n colmados de gracia por los dones que Dios ha puesto en ellas para que vayamos a repartirlas en su nombre.