Un rbol familiar que hunde sus ra ces en el infierno. Un bosque de humanidad talado en beneficio de los m s despiadados.
Un viaje a la Guerra Civil y a la Segunda Guerra Mundial para conocer el expolio y el mercadeo cultural, mientras las personas mueren por millones. Primero, llegaban a las casas a llevarse a las personas, despu s, entraban a robar los libros. Como si fuera necesario, tambi n, exterminar la historia, la poes a, la belleza; que no quedara rastro de la memoria colectiva atesorada entre las guardas y los anaqueles, en los pasillos de las bibliotecas, en los estudios de las sinagogas; en los salones de lectura con sus paredes cubiertas de librer as ni en la quietud de las mesillas de noche de los dormitorios.