Ayer me sent yo feliz, extraordinariamente feliz, como no es posible serlo m s Con que por lo menos una vez en la vida usted, tan terca, me ha hecho caso Al despertarme, ya oscurecido, a eso de las ocho (ya sabe usted, amiga m a, que, terminando mi trabajo en la oficina, de vuelta a casa, me gusta echar una siestecita de una o dos horas), encend la luz, y ya hab a colocado bien mis papeles y s lo me faltaba aguzar mi pluma, cuando, de pronto, se me ocurre alzar la vista, y he aqu que..., lo que le digo, que me empieza a dar saltos el coraz n Ya habr usted adivinado lo que ocurr a Pues que un piquito del visillo de su ventana estaba levantado y prendido en una maceta de balsamina, exactamente como yo otras veces hube de indicarle. As que me pareci como si contemplara su adorado rostro asomado un instante a la ventana y que tambi n usted me miraba desde su gabinetito, que usted tambi n pensaba en m . Y cu nta pena me dio, palomita m a, el no poder distinguir bien su encantador semblante Hubo un tiempo en que tambi n yo ten a buena vista, hija m a Los a os no proporcionan ning n contento, amor m o Ahora suele ocurrirme que me baila todo delante de los ojos En cuanto escribo un ratito, ya amanezco al d a siguiente con los ojos ribeteados y lacrimosos, hasta el punto de darme verg enza que me vea nadie. Pero en esp ritu ve a yo muy bien, hija m a, su amable y afectuosa sonrisa, y en mi coraz n experimentaba sensaci n id ntica que en aquel tiempo, cuando la bes aquella vez, V rinka. Lo recuerda usted a n, mi ngel? Sabe usted, palomita m a, que me parece verla en este instante amenaz ndome con el dedo? Ser verdad, mala? La primera vez que vuelva a escribirme, me lo ha de decir sin remisi n y con detalles.
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