El arte de reencontrarse con el cuerpo en la intimidad de la soledad
Hace semanas que no se reconoce en el espejo.
Perdi algo. O tal vez a alguien.
Y desde entonces, el mundo le suena lejano. Fr o. Insoportable.
Una noche, cansada de huir de s misma, se encierra en el ba o.
Vapor.
Silencio.
Un cuerpo que duele. Un alma que grita.
Y empieza a tocarse. No para sentir placer. Para no desaparecer.
Ah , en medio de su ritual secreto, lo ve.
l.
No habla. No se mueve. Solo la mira.
Y en ese instante, ella lo siente todo:
La tristeza. El deseo. El miedo. La conexi n.
Dos extra os rotos, reconocidos al primer cruce de miradas.
l tambi n sangra por dentro.
Y eso, de alguna forma, la calma... y la desarma.
Es sensual. Doloroso. Inevitable.
Una historia de placer en la piel, pero tambi n en lo que no se dice.
De soledad compartida.
De intimidad que asusta.
De ese tipo de amor que no salva... pero acompa a.