Este relato nos recuerda que cada ser humano es una creaci n nica del mismo Creador. La piel, con todos sus tonos y matices, es solo una vestidura pasajera que embellece el cuerpo, mientras que el alma permanece intacta, eterna y hecha de luz divina.
Un cuento que invita a reflexionar sobre la verdadera esencia que compartimos: la certeza de que m s all de lo que se ve, todos provenimos de la misma fuente y seguimos siendo uno en l.