Entre la decisi n que te condena y la bienaventuranza de la infancia, hay un para so que no se recupera. Entre la primera vez que Fernando prueba las drogas y la posibilidad que tiene para elegir un camino que no replique los patrones de sus padres, hay una historia de abuso, negligencia y dolor que no cabe en la ficci n, pero s cabe en el breve segundo en el que Fernando decide decir que s .
Perd name la vida nos abandona en un p ramo decadente al que un adolescente trata de hacerle sentido desde el abismo en donde lo han dejado abandonado a l. A medio camino entre la inocencia y la corrupci n, Elias Longoria Salinas logra en Fernando una perspectiva dolorosamente honesta que nos invita a sentir en carne viva la imposibilidad de trascender las circunstancias propias y el milagro de vivir con dignidad, un d a a la vez, a pesar de ellas. -Amado Contreras, Cr tico literario