Aunque se ame y se respete la virtud, no se debe creer que sea tan vocinglera y tan espantadiza como la de ciertos censores del d a. Si hubi ramos de escri- bir a gusto de ellos, si hubi ramos de tomar su rigidez por valedera y no fingida, y si hubi ramos de ajustar a ella nuestros escritos, tal vez ni las Agon as del tr nsito de la muerte, de Venegas, ni los Gritos del infierno, del padre Boneta, ser an edificantes modelos que imitar.
Por desgracia, la rigidez es solo aparente. La rigidez no tiene otro resultado que el de exasperar los nimos, haci ndoles dudar y burlarse, aunque solo sea en sue os, de la hipocres a farisaica que ahora se usa.
Juan Valera