He aqu la apoteosis del cuento. Ciertamente, "Acertijo de la gran obra" y el notable "Plaguicidio" son textos que abrevan en el ensayo, as como en "Escenas..." centellea el lenguaje de la poes a. Pero el cuento reina soberano, desfachatado, horadando la realidad con el estilete de la imaginaci n. Reina con las armas nobles y a la vez perversas de la seducci n. Reina fragmentando el mundo en miles de pedazos, para luego reunirlos al amparo del estilo. Y no s lo eso, no s lo una cuesti n del buen escribir. Tambi n hay t picos y situaciones recurrentes. Acaso la m s evidente sea la de esos personajes que buscan denodadamente. Son j venes, como joven es Ernesto. Un pibe platense intentando reencontrarse con sus amigos en los bordes de la noche boliviana. Un religioso que descubre el ajedrez y entonces se sumerge, fatalmente, en la l gica secreta del gran juego. Un noct mbulo distra do que se deja atrapar por una femme fatal y descubre as , como los presocr ticos, la clave del placer, eso que nos vuelve m s humanos. Un grupo de amigos que explora, en la potestad de una casa en com n, las formas secretas de la utop a. Un alma tortuosa que quiere probar la forma m s terrible de la muerte... y lo logra. Ernesto Alaimo vuelve a sacudirnos con su portentosa imaginaci n y el tono entre cl sico y moderno de su escritura. Despu s de todo, l es el gran buscador de este libro, el buscador m s ambicioso e incontinente.
Sergio A. Pujol