Shoftim no nos permite permanecer en la superficie.
Nos lleva desde el tribunal exterior hasta el tribunal interior.
Desde las ciudades hasta nuestra mente.
Desde las puertas f sicas hasta las puertas espirituales.
Desde el juicio del pr jimo hasta nuestro propio juicio.
Y aqu debemos recordar algo fundamental:
No juzgamos con nuestras propias palabras.
Si nuestras palabras no est n alineadas con la Torah, pueden transformarse en instrumentos de herida.
Pero cuando el juicio est sometido a la Torah, puede convertirse en un instrumento de restauraci n.
Por eso el verdadero tzadik no es simplemente quien dice ser justo.
Es quien permite que la Torah gobierne su camino.
Y cuando llega Elul, el shofar nos recuerda que no podemos permanecer dormidos.
Tenemos que despertar.
Mirar hacia dentro.
Examinar nuestra ciudad.
Encontrar aquello que todav a permanece escondido.