En Pa decir Cuba, la autora refleja la realidad cotidiana de su pa s, una realidad que no le es ajena y que regresa como memoria v vida, desde el dolor.
No se erige como juez: solo muestra, desde el sentimiento y con crudeza, el significado de la inexistencia, del yo atormentado m s que por las carencias, por la falta recurrente de todo. Es una especie de espejo donde la madre, la abuela, los hijos de cualquier cubano se reconocen tal cual: en la bondad, pero tambi n en el desespero. Con un dominio sereno del verso libre, la autora construye una po tica del despojo sin artificios.