Hay personas que se van y, aun despu s de hacerlo, siguen apareciendo en los lugares donde fuimos felices. En una canci n, en una calle, en una mesa para dos, en el silencio de una habitaci n que alguna vez compartimos. Hay despedidas que no suceden cuando alguien se marcha, sino mucho antes, mientras seguimos creyendo que todav a queda tiempo.
Este libro nace de esas historias que no supimos terminar, de los abrazos que fueron los ltimos sin que lo supi ramos, de las conversaciones que dejamos para despu s, de la rutina que fue apagando lo que alguna vez nos hizo felices y de esas dos personas que se amaron tanto que terminaron aprendiendo exactamente d nde hacerse da o.
Pero tambi n habla de lo que ocurre cuando dejamos de luchar contra lo inevitable. De aprender que el tiempo no siempre cura, que olvidar no siempre es necesario y que soltar no significa perder. A veces significa aceptar que alguien fue importante sin obligarlo a quedarse.
Porque despu s de algunas despedidas queda un vac o que nada consigue llenar.
Y, aun as , un d a volvemos a mirar la vida y descubrimos que todav a hay algo por lo que vale la pena quedarse.