Iris Steen puede detener un coraz n con sus propias manos y hacerlo latir de nuevo. El suyo lleva a os funcionando de otra manera: bajo control.
A los seis a os hizo una promesa imposible sin saber que lo era: le har a a su hermano enfermo un coraz n de hierro.
No pudo cumplirla.
Despu s aprendi otra cosa: la muerte no es la nica forma de perder a alguien. Hay personas que pueden quererte y marcharse de todos modos.
Iris convirti aquellas dos p rdidas en una manera de vivir.
A os despu s vuelve a Edenvan con el mejor expediente de su promoci n y una sola idea: cirug a card aca. Le dicen, algunos con amabilidad, que se busque otra cosa. Que es una especialidad de hombres. Que ah dentro, en treinta a os, no ha entrado ninguna mujer. Entra igual. Y durante a os llega la primera y se va la ltima y rinde el doble para que la cuenten la mitad, hasta que termina haciendo con sus propias manos aquello que una ni a de seis a os hab a imaginado posible: reparar corazones.
Con las personas es distinto.
Iris sabe cu nto acercarse. Cu nto desear. Cu nta distancia hace falta para que perder a alguien vuelva a ser imposible. Y sabe marcharse a tiempo, antes de que puedan hacerlo primero.
Durante a os funciona.
Hasta que algunas cosas empiezan a acercarse demasiado. Un hombre que no acepta del todo sus reglas. Un ni o que trae el pasado hasta el nico sitio donde Iris siempre ha sabido qu hacer. Y una madre con la que lleva media vida hablando alrededor de lo nico que ninguna de las dos ha podido olvidar.
Iris lleva toda la vida haci ndolo bien.
Esta vez, hacerlo bien puede no ser suficiente.
Ning n coraz n es de hierro es una tragedia psicol gica sobre el duelo, el deseo y la culpa. Sobre una mujer que construy una armadura perfecta y descubri demasiado tarde contra qu no protege. Para lectores adultos que no necesitan que se les consuele.