Antes de la ciudad de cenizas.
Antes del castillo.
Antes de las sombras.
Antes del Rey Lagarto.
Antes incluso de la palabra "Nadie"...
hubo nombres.
Nombres que no deber an haber sobrevivido al olvido.
Nombres que el mundo intent borrar, pero que insist an en repetirse como ecos mal cerrados en la realidad.
Eidan.
Hako.
Lyra.
Kira.
Olter.
Sara.
Y despu s de ellos...
Nadie.
Zayna.
Varek.
El orden no era casual.
Ni seguro.
Ni definitivo.
Porque en el origen, los nombres no pertenec an a las personas...
las personas pertenec an a los nombres.
El mundo a n no estaba roto del todo.
Pero ya estaba inclinado.
Como si algo invisible hubiera empezado a empujarlo hacia su ca da.
En ese tiempo, los cielos no estaban cerrados.
Y la tierra todav a recordaba c mo ser estable.
Fue entonces cuando apareci el primer susurro.
No vino del viento.
No vino del fuego.
Vino del espacio entre pensamientos.
Un aviso sin origen.
Una frase incompleta repetida en sue os de personas que a n no sab an que estaban so ando:
"La purga no destruye... selecciona."
Nadie sab a qui n la dijo.
Pero todos empezaron a olvidar cosas peque as primero.
Nombres.
Rostros.
Promesas.
Luego cosas m s grandes.
Ciudades.
Guerreros.
Reinos.
Y finalmente...
la certeza de que algo deb a permanecer intacto.
En medio de ese proceso, surgieron los primeros guardianes.
No h roes.
No salvadores.
Solo aquellos capaces de resistir el olvido.
Y entre ellos, un linaje comenz a repetirse a lo largo del tiempo como una sombra gen tica imposible de eliminar.
El mundo intent fragmentarlos.
Separarlos.
Reescribirlos.
Pero los nombres volv an.
Siempre.
En diferentes cuerpos.
En diferentes tiempos.
En diferentes versiones de la misma ca da.
La primera grieta no fue f sica.
Fue conceptual.
Una pared que no deb a hablar comenz a emitir patrones.
Tres golpes.
Dos.
Uno.
Y el mundo, sin comprenderlo a n, respondi .
No con defensa.
Sino con apertura.
Porque algo dentro de la realidad ya estaba aprendiendo a romperse desde dentro.
Y en alg n punto del origen...
el Rey Lagarto no era un enemigo.
Era una consecuencia.
Y el libro...
y la espada...
no eran armas creadas para destruir.
Sino para recordar lo que el mundo hab a decidido olvidar.
El ltimo fragmento del pr logo no pertenece al tiempo.
Pertenece a la advertencia.
Una frase escrita sin tinta, pero grabada en la estructura misma de lo que vendr
"Cuando Nadie despierte del todo... la purga no terminar ."
Y entonces...
todo comienza de nuevo.