Seamos sinceros: el Ulysses de Joyce es el traje nuevo del emperador, pero tejido con palabras que nadie usa y p rrafos que parecen un ataque de epilepsia en una imprenta. Es la Biblia de los eruditos de sal n, esos que exhiben el lomo del libro en su estanter a (con el marcador siempre en la p gina 45, no nos enga emos) para que las visitas piensen que su cerebro es una catedral cuando en realidad es un trastero lleno de facturas sin pagar.
Dicen que es grandiosa. Dicen que es la cima de la literatura universal. Lo dicen porque admitir que es un ladrillo indigerible ser a confesar que han perdido tres meses de su vida intentando entender por qu un tipo se pasa diez p ginas meditando sobre un ri n de cerdo.