Para servir al rey, primero tuvo que morir.
Novela hist rica de espionaje ambientada en el Londres del siglo XVIII.
Argel, julio de 1775. La mayor expedici n militar de Carlos III se estrella contra la playa y el capit n Eduardo Malone, hispano-irland s formado en la caballer a de Federico el Grande, sale vivo de milagro. Meses despu s, escondido en un seminario perdido de Galicia, descubre para qu lo quieren: un oficial que consta como muerto es el nico hombre que puede entrar en Londres sin pasado.
En 1776 desembarca en Deal con papeles prusianos, un negocio de calceter a en Bond Street y un nombre nuevo. En los despachos cifrados de la Secretar a de Estado lo llamar n Mr. Wardlaw.
Durante cuatro a os tejer una red de confidentes que abarcar desde los parques de artiller a naval hasta el coraz n mismo del Almirantazgo. Robar secretos militares, urdir sabotajes y tendr que burlar a la contrainteligencia brit nica. Porque hay un hombre busc ndolo: sir Philip Berg, conde de Anfield, un hombre que no cree en las casualidades.
Y hay dos mujeres: Emily Warren, la cortesana m s retratada de Londres, que juega mejor de lo que aparenta, y Melinda Cruickshank, la nica persona ante la que Wardlaw no sabe fingir.
En junio de 1780, para decantar la guerra a favor de Espa a, Wardlaw enciende una mecha que ya no podr apagar: seis d as de motines, c rceles abiertas, embajadas saqueadas y un cielo naranja sobre el T mesis. El mayor estallido de violencia urbana del Londres del siglo XVIII. Cuando el humo se disipe, habr ganado la partida. Y habr perdido todo lo dem s.
Mr Wardlaw el esp a son unas memorias ap crifas escritas desde la vejez y el remordimiento. La novela reconstruye el Londres georgiano -las mascaradas de Soho Square, las tertulias de la se ora Macaulay, los caf s de Grub Street, las prisiones, el hedor del r o- con la voz de un hombre que mira al pasado con iron a. No es la historia de un h roe. Es la historia de un hombre que dialoga con su pasado.