MEDITABUNDUS TREMENS recoge las frustraciones, desolaci n y resignaci n violenta de una voz cuasi nihilista. La nostalgia por las costumbres, pr cticas y lengua del altiplano chocan con las desgastadas aristas de la corrupci n, dolo y servilismo que esa voz encuentra en la ciudad, en el territorio que intenta reproducir -sin conseguirlo- el aire cosmopolita de destacadas metr polis alrededor del mundo. En ese terreno de incertidumbre y escepticismo, Dios aparece como el ltimo reducto de creencias en que el yo po tico deposita su fe .
En MEDITABUNDUS TREMENS, la desilusi n por la naturaleza de la humanidad -y todas y cada una de las instituciones que esta ha inventado- corroen el alma de un ser ac rrimamente cr tico con su generaci n, poca y contexto. La cruz y la espada, le ense aron, derruyeron su pasado; sin embargo, la espada est ahora en su lengua y la cruz, libre de recitaciones inconexas, deviene su nica esperanza.