Ismael Calder n tard treinta y cuatro a os en entender que no era un vago. Que su cerebro no era un defecto.
Que la frase "si quisieras, podr as" era la mentira m s cruel que le hab an contado.
Este libro es lo que pas despu s de entenderlo. Y lo que pas antes.
No es c modo de leer. Tampoco lo fue de escribir.