―Vamos ―dijo Clarence, mirando al cielo. El sol estaba a punto de salir. Le lanc una mirada de impotencia, demasiado avergonzada para reiterar mis preocupaciones por en sima vez―. Puedes hacerlo. Creo en ti. ―Enmarc mi cara con sus manos y me bes , haciendo que todas mis dudas y miedos se evaporasen―. Nos vemos en Londres.
Clarence salt del acantilado y desapareci en una niebla gris, fundi ndose con las nubes tormentosas durante unos segundos hasta que su forma de cuervo se materializ y se elev sobre Finisterre, planeando sobre mi cabeza mientras esperaba a que saltara tras l.
De pie en el borde del acantilado, abr los brazos, deleit ndome con la suave caricia de la tela sobre mi piel mientras mi vestido ondeaba al viento. Con los ojos cerrados, imagin lo que se sentir a al volar. Ser ingr vida... Abrir mis alas y salir disparada hacia el cielo estrellado...