Este libro no pide absoluci n, no ofrece un acta y no tiene vocaci n alguna de servir como prueba para nadie. Es literatura; y, como la mejor literatura, se acerca demasiado a ciertas cosas sin cometer la vulgaridad de explicarlas hasta el fondo. Habr quien aqu lea solamente la trama. Habr quien, por deformaci n o por culpa, quiera leer algo m s y usarlo en procedimientos judiciales. Y estar n tambi n esos pocos que reconocer n, detr s de palabras excesivamente limpias, viejas gram ticas del poder: legitimidades alquiladas, capital paciente, socios t cnicos, intereses muy bien compuestos y terceras manos con un apetito excesivo por la realidad ajena. Quien busque una confesi n, no la tendr . Quien busque inocencia, tampoco. Quien insista en querer ver un c digo tendr , al menos, el trabajo de descifrarlo por su cuenta. Yo no confirmo lecturas ansiosas ni desmiento conciencias agitadas. No todo lo que aqu parece met fora lo es; y no todo lo que parece factual merece ese nombre. Esa frontera no fue trazada para el consuelo del lector, sino para su incomodidad. Si alguien llegara a reconocerse en estas p ginas, quiz deber a empezar por preguntarse...