Muchas veces nos sentimos solos en el mundo. Y muchas veces lo estamos. No solo es un sentimiento. Es una realidad. Una realidad que nos impide darnos cuenta de que eso no puede ser cierto. No lo es porque nuestro " lter ego", nuestro yo interior, siempre est ah para acompa arnos, para completarnos y demostrarnos que la soledad es solo una emoci n, y no una verdad absoluta. A veces es suficiente con notar c mo un pensamiento nos responde desde dentro, como si alguien -otra parte de nosotros- hubiera estado esperando pacientemente a que dej ramos de hacer ruido para poder hablar. Ese otro yo no es una sombra, ni un invento de la nostalgia. Es una presencia discreta, casi t mida, que solo se manifiesta cuando dejamos de escuchar el bullicio exterior y nos permitimos o r esa voz interior que nos gu a sutilmente.
Este relato intenta enlazar nuestros "dos yo", el consciente y el completo -el ego y el lter ego-, para probar que ese vac o que a veces sentimos es tan s lo una falta de comunicaci n. Que apenas necesitamos un poco de silencio para que se den la mano y caminen juntos. Porque cuando el silencio disuelve el ruido, aparece esa presencia: el yo completo. El que act a hacia fuera mientras observa desde dentro. El que sabe lo que pensamos antes de que lo pensemos. El que nos contradice con suavidad, nos corrige con iron a y nos abraza con palabras que no recordamos haber escrito. Y entonces ocurre lo inevitable: los "dos yo" se encuentran. Uno, personaje. Otro, autor. Uno actor. Otro espectador. Ambos reales, ambos ficticios, ambos necesarios. No se reconocen al principio. Se miran como dos desconocidos que sospechan haber compartido un mismo pensamiento. Pero basta un gesto, una frase, un recuerdo que no pertenece a ninguno y pertenece a los dos, para que entiendan que llevan toda la vida habl ndose sin escucharse.
Este pr logo es la puerta. Lo que viene despu s es el di logo. Y quiz , si tenemos suerte, tambi n la reconciliaci n. Porque al final, la soledad no es m s que un malentendido entre nuestras dos voces. Y este libro -este experimento, este puente, este espejo- existe para que por fin puedan hablarse sin miedo.