Venecia no flota. Se sostiene sobre un bosque enterrado: millones de troncos de aliso clavados en el fango desde el siglo VII, intactos porque el fondo de la laguna no tiene ox geno. La madera sobrevive porque lleva ochocientos a os asfixiada. Es una de esas verdades que la ciudad guarda debajo del agua, donde nadie mira.
Neus Gisbert es ingeniera geom tica. Su trabajo consiste en medir cu nto se hunde Venecia con una precisi n que se cuenta en d cimas de mil metro al a o. Cuando una chapa de bronce en el norte de Cannaregio le da once mil metros de m s en cuatro meses, lo comprueba tres veces. El instrumento est bien. El n mero no miente. Y el consorcio para el que trabaja prefiere que no siga mirando.
Alvise Zennaro es bombero-buzo. Lleva veinte a os bajando a canales donde no se ve nada y aprendiendo a leer la ciudad con las manos. Su padre hizo lo mismo antes que l, hasta que un informe que nadie quiso escuchar le cost la licencia, la mujer y once a os de vida. Cuando Alvise encuentra en el fondo de un r o los mismos pilotes blandos que describ a su padre, tiene que decidir si le pasa a l lo mismo.
Se cruzan en el androne inundado de un palazzo que se hunde m s r pido de lo que deber a. Ella mide; l palpa. Ninguno de los dos conf a en el otro. Y los dos tienen, por separado, la mitad de una verdad que juntos empieza a tener una forma que da miedo.
Porque alguien est destruyendo los cimientos de Venecia con una eficiencia que no es natural. Y la maquinaria que lo hace es perfectamente legal.
Lo que sostiene Venecia es una novela de suspense y romance ambientada en la Venecia que no sale en los folletos: la del fango en bajamar, la acqua alta de noviembre, los canales industriales de Marghera y los pilotes negros que nadie ve. Una historia sobre dos personas que aprenden a leer las ciudades por debajo, y sobre lo que pasa cuando se miran el uno al otro con la misma atenci n.