Eso fue todo lo que Elizabeth necesit para arruinar por completo su vida.
Y lo peor no era su arruinada reputaci n, sino que el hombre que se hab a tomado el atrevimiento de robarle su primer beso no era otro m s que un insensible, fr o y pr cticamente antisocial marqu s que la despreci desde que se conocieron.
Ahora, con todo en contra, exist an pocas opciones para salvarse y todas depend an del honor del hombre en cuesti n, porque si acaso el marqu s de York decid a no atender a su falta, ser a ella la que quedar a arruinada por el resto de su vida, repudiada por su padre y por toda la sociedad londinense que no le perdonar a un error semejante.