Barbari duerme un sue o oscuro. Es un pueblo que se asienta entre montes de bosques profundos, donde el tiempo baila a merced de un mundo natural impredecible. Sus gentes son rudas, valientes, sinceras y leales, pero sobre todo son personas habituadas a vivir en la intimidad y a guardar con celoso cuidado sus secretos. Cuando hay problemas, se repliegan, murmuran las historias y el miedo junto al fuego, en familia.
Por eso cuando llega el nuevo coadjutor, Mart n de Aristizabal, desconf an.
No hay que ver, no hay que saber.
Ay, pero las chicas m s j venes desaparecen, una extra a criatura merodea por las calles y se cuela en los caser os. Ay, que ya ni las protecciones ni los rituales sirven, que el hogar no basta para mantener el mal en la noche, que ese mal se mete en los sue os y paraliza los cuerpos, que deja marcas en los suelos, pisadas desconocidas, y un horrendo hedor a muerte...
Ya viene, ya viene
Mart n da sus primeros pasos en este entorno dif cil, hostil, envenenado. Toda la fe y el optimismo que son la base de su fortaleza, parecen difuminarse cuando todo lo que ocurre ante sus ojos se aleja de lo racional para sumergirlo de cabeza en lo sobrenatural.