Las historias que contiene el libro Las Mariposas Cantan de Noche son un conjunto de narraciones que se desarrollan en una ciudad, mi ciudad interior, llamada Tlayohua. Adem s de reflejar el temperamento y las pasiones de un grupo humano integrado a un territorio, las escenas trazan sus calles, describen su historia, sus desilusiones, los extrav os y los estados sosegados o alterados de los personajes que deambulan en este escenario.
Este volumen de cuentos es producto de mucho tiempo y dedicaci n, y m s que de un trabajo formal, requiri , sobre todo, de tener paciencia. Escribir y reescribir, normalmente son ocupaciones placenteras, pero lo es a n m s corregir, porque en ese momento descienden o surgen de aqu y de all ideas, frases afortunadas, construcciones verbales s lidas como castillos, o tenues y sugeridas como remolinos ligeros en un llano.
A grandes rasgos y de una forma general, considero que a una persona que escribe se le presentan dos posibilidades a la hora de decidir sobre su escritura. Desde luego tiene muchas y variadas opciones de elegir c mo las escribir , eso no est en discusi n, sin embargo, de entre todo ese c mulo de posibilidades hay dos que sobresalen.
En la primera, hay historias que el autor est obligado a contar, son las narraciones que le brotan, las que se le derraman, y como que se las murmuran, o las que parece que viene la Divina Providencia, que siempre sabe m s, y se las cuenta. En la segunda forma que yo veo, hay otras historias que simple y sencillamente se le ocurren a la persona que escribe.
Como sea, las primeras, las historias que debe escribir un autor, son las que escribe desde la m s absoluta franqueza, son las que de alguna manera tambi n lo describen a l, a su poca y a sus circunstancias, y normalmente, son las que, con un poco de suerte, los lectores lo recordar n. Las otras, si alg n valor tienen, son librescas, se guardar n en museos de la palabra para que las estudien los que dicen que saben, o creen que saben, los secretos de la literatura.
En todo caso, esa clase de textos no son para el p blico en general, no porque sean de un car cter muy elevado, sino porque, sin saberlo, acaso sin desearlo, fueron construidos para distanciarse de lo humano, para justificarse como autor. De cualquier forma, que cada cual explique, si es que puede, las razones por las cuales escribi tal o cual engendro.
Las historias que aparecen en este libro son de la clase de las que yo ten a que escribir, las que yo estaba obligado a contar. Durante muchos a os postergu el instante de escribirlas, porque me distraje escribiendo historias librescas, sin embargo, el llamado de las historias que yo deb a contar fue tan poderoso, que tuve que ceder y escribirlas. De hecho, no fue una decisi n m a escribirlas, ni mi voluntad me llev a contarlas, sino una especie de destino.